En proyectos de gran escala, la gestión del riesgo constituye una condición estructural del proyecto. Trabajos en altura, movimiento de suelos, interacción con equipos pesados, varios frentes en simultáneo y personal de distintas empresas en un mismo predio: a mayor escala de la obra, mayor es la complejidad de las variables a controlar.
Por ello, la seguridad e higiene en obra opera como una verdadera disciplina de gestión, respaldada por responsables designados, documentación técnica, registros operativos y procedimientos verificables. En las obras civiles y viales, esta mirada también alcanza al cuidado del ambiente y a la protección de quienes circulan o viven cerca del proyecto.
¿Por qué la seguridad es central en la construcción?
A la cantidad de variables se suma el dinamismo del entorno de trabajo. Un frente en excavación no presenta los mismos riesgos que ese mismo frente unos meses después, con la estructura ya montada y con tareas desarrollándose en altura. Un plan fijo de seguridad e higiene en obra puede quedar desactualizado con el avance del proyecto. Por lo tanto, el riesgo se debe revisar cada vez que cambia la tarea, el equipo o la etapa.
En definitiva, ejecutar una obra con estándares de seguridad e higiene en obra contribuye a proteger a las personas y a sostener sus plazos y objetivos.
La prevención también permite anticipar cómo las tareas afectan al entorno: el polvo, el ruido, los residuos y la circulación de maquinaria forman parte de esa evaluación. Cuando la obra convive con el tránsito, cuidar a conductores, peatones y frentistas es parte del mismo compromiso.
El marco normativo de la seguridad e higiene en obra y la asignación de responsabilidades.
El marco regulatorio nacional se encuadra en el Decreto 911/96, que aprueba el Reglamento de Higiene y Seguridad para la Industria de la Construcción. Se dicta en el marco de la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo y de la Ley 24.557 de Riesgos del Trabajo. A esto se suman las resoluciones de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT). Su alcance abarca excavaciones, demoliciones, obras civiles, tareas de mantenimiento mayor y montajes industriales.
A este marco se suman la Ley General del Ambiente 25.675 y los requisitos ambientales nacionales, provinciales y municipales que correspondan a cada proyecto. En las intervenciones sobre la vía pública también se consideran las normas de tránsito de la jurisdicción, incluida la Ley 24.449 donde resulte aplicable. A eso se suman las exigencias de la autoridad vial y las condiciones del contrato.
En este marco, las responsabilidades se distribuyen de la siguiente manera:
- El empleador: es el responsable directo de garantizar los recursos y verificar el cumplimiento de las medidas normadas.
- El comitente: responde solidariamente junto con los contratistas y debe exigir contractualmente, previo al inicio de las tareas, la acreditación de la cobertura de riesgos del trabajo.
- El responsable de Higiene y Seguridad: debe contar con título profesional y habilitación conforme a la normativa vigente. Su función preventiva es incompatible con otras funciones en la misma obra y se coordina con su conducción, sin sustituir las responsabilidades del empleador.
El instrumento central es el legajo técnico: la documentación que identifica los riesgos más significativos de cada etapa, se actualiza cuando la programación los modifica y lleva la rúbrica del responsable.
¿Cómo se gestiona la seguridad e higiene en obra a gran escala?
En emprendimientos de gran envergadura coexisten múltiples empresas contratistas y subcontratistas. La normativa asigna la coordinación de la seguridad al contratista principal o, si no hay contratista principal, al comitente. Esto permite establecer reglas homogéneas y obligatorias para todo el personal presente en el predio, independientemente de la firma a la que pertenezcan.
Sobre este esquema, la gestión del riesgo se articula en cuatro pilares fundamentales:
- Planificación previa por etapa: antes de una demolición, se exige un programa de trabajo que contemple las medidas preventivas de cada fase. Antes de una excavación, se requiere un reconocimiento previo del lugar y la verificación documentada de las condiciones de seguridad al inicio de cada jornada.
- Capacitación en los tres niveles operacionales: la normativa exige formación específica adecuada a los riesgos de cada función, alcanzando a la dirección y jefatura de obra, a supervisores y capataces, y al personal operativo. Esa formación se complementa con pautas de cuidado ambiental, circulación segura y actuación ante emergencias, según las tareas de cada equipo.
- Protecciones colectivas por encima de las individuales: los elementos de protección personal (EPP) son complementarios. La estrategia prioriza eliminar o aislar el peligro en su origen con barandas, redes de seguridad y vallados de contención. Así se protege al conjunto del personal, reservando los EPP para mitigar el riesgo residual.
- Autoridad de detención de tareas: cuando inclemencias meteorológicas u otros factores comprometan la seguridad de los trabajadores, las actividades deben interrumpirse mientras persistan dichas condiciones.
Cuidado ambiental, seguridad vial y calidad
En las obras civiles y viales, esta planificación incorpora medidas de cuidado ambiental: separar y acopiar los residuos, controlar el polvo y el ruido, prevenir derrames y proteger suelos y desagües, de acuerdo con los requisitos de cada proyecto. Así, la prevención también se extiende al entorno donde se desarrolla la obra.
En los frentes que conviven con el tránsito, la seguridad vial requiere señalización temporal, delimitación de las zonas de trabajo y desvíos o pasos alternativos seguros. La circulación de peatones y los accesos a frentistas se contemplan junto con las maniobras de la maquinaria, en coordinación con la autoridad competente.
La calidad sirve de apoyo a esta gestión mediante la planificación de los controles, la trazabilidad de los materiales y la verificación de la ejecución según los requisitos del proyecto. Registrar los resultados y corregir los desvíos ayuda a sostener la prevención y a mejorar la forma de trabajar.
Política de Cero Accidentes
Esto lo llevamos a la práctica planificando cada frente de trabajo, contando con especialistas dedicados en Higiene y Seguridad. También capacitamos continuamente a cada nivel y supervisamos las condiciones previas antes de iniciar cualquier labor. Aplicamos a la prevención y al cuidado ambiental el mismo rigor de planificación, control y trazabilidad con el que gestionamos la calidad, respaldada por nuestra certificación ISO 9001.
Proteger a las personas es nuestra máxima prioridad, y la seguridad e higiene en obra es la manera tangible de cumplirlo. El cuidado ambiental y la seguridad vial amplían ese compromiso hacia el entorno de cada obra.
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