Inteligencia artificial en la construcción: de conocerla a aplicarla

Da Fré completó una nueva instancia de formación en IA junto a FUNC, la Fundación Universidad Nacional de Cuyo. Tres talleres, quince días y un objetivo distinto al de la primera vez: identificar qué procesos se pueden automatizar.

En seis meses, el panorama de la inteligencia artificial cambió más que en los dos años anteriores. El eje dejó de ser el asistente que responde preguntas y pasó a ser el agente: sistemas que ejecutan tareas de varios pasos, operan herramientas y devuelven un trabajo terminado. Para una constructora, eso mueve la conversación sobre inteligencia artificial en la construcción desde lo que la tecnología promete hacia lo que ya se puede aplicar.

De asistentes a agentes

La primera instancia de formación, dictada también junto a FUNC, tuvo un objetivo de acercamiento: entender qué era esta tecnología y qué podía hacer.

Desde entonces el eje se corrió. Con una diferencia grande al momento de ponerla en práctica: una cosa es preguntarle algo a un modelo, otra es delegarle el seguimiento completo de un circuito administrativo. Esta instancia partió de ahí.

Dónde se aplica dentro de una constructora

El trabajo se organizó por área, sobre procesos reales de la empresa:

  • Obra: resumen de partes diarios, seguimiento de subcontratistas y circuito de comunicación entre el frente y la oficina técnica.
  • Compras y licitaciones: análisis de pliegos, matrices de cumplimiento y armado de ofertas.
  • Administración y finanzas: procesamiento de facturas, análisis de redeterminación de precios y elaboración de informes para dirección.
  • Recursos humanos: preclasificación de currículums y análisis de legajos.

Son tareas que consumen horas del personal sin aportar valor técnico, por lo que su sistematización permite maximizar la productividad en otras áreas.

Qué incorporó el equipo

El programa se dictó de forma presencial, adaptado a los procesos de la empresa, con quince días de acompañamiento posterior para resolver consultas durante la aplicación. Participaron direcciones, jefaturas de área, personal administrativo y perfiles técnicos.

Dejó tres capacidades instaladas:

  • La primera es criterio para decidir: reconocer qué tarea conviene delegar y cuál no, qué tipo de herramienta sirve para qué trabajo y cómo formular una instrucción que devuelva algo aprovechable. Es la diferencia entre usar la tecnología y probarla.
  • La segunda es la capacidad de automatizar: entender cómo se arma un flujo de trabajo donde la información entra, se procesa y sale convertida en un resultado útil, sin intervención manual en el medio. El equipo puede hoy diseñar esos circuitos o encargarlos con especificaciones claras, que es tanto o más importante.
  • La tercera es construir herramientas propias sin escribir código: un formulario de carga, un panel de seguimiento, una calculadora interna: desarrollos que hasta hace poco requerían un programador y que hoy puede resolver el área que los necesita. Con el límite bien marcado de dónde termina eso y dónde empieza el trabajo de un desarrollador.

Buena parte del programa se trabajó sobre las herramientas que el equipo ya usa todos los días (correo, planillas, documentos, reuniones, archivos de proyecto) de modo que la capacidad se incorpore donde el trabajo ya ocurre, sin sumar una plataforma más.

Los límites también se enseñan

Una parte del programa se dedicó a lo que la IA no debe hacer: qué información nunca se carga en una plataforma pública, qué decisiones requieren aprobación humana y cómo verificar un resultado antes de usarlo.

En una empresa que maneja documentación contractual, datos de personal y pliegos de licitación, ese encuadre es tan importante como la herramienta. La IA asiste; la responsabilidad técnica sigue siendo de las personas.

Formación que se acumula

Esta instancia continúa el plan de capacitación que sostenemos durante todo el año, junto a las etapas de seguridad y manejo de equipamiento. Cada una parte de donde terminó la anterior, y así el conocimiento queda en la organización.

Esa capacidad se traduce en lo que entregamos: documentación al día, respuestas rápidas ante un imprevisto y plazos que se cumplen. Es lo que exigen los proyectos de minería y energía, donde los estándares de trazabilidad están por encima de la media del mercado.

Gracias a Fundación Universidad Nacional de Cuyo por acompañarnos nuevamente en este proceso.